Pues sí. Todos vamos cámara en ristre imaginándonos películas ante cualquier situación. Sobre todo las que nos suponen cierto estrés. Como, por ejemplo, hablar en otro idioma.  

Hay películas para todos los gustos: románticas, con finales felices y perdices, de comedia, de suspense, de terror, de aquí no sale nadie con vida, de esto es el final…

¿Captas hacia dónde quiero ir?

Bueno, vale, quizás exagero un poco. Pero es que la realidad supera siempre la ficción, como se suele decir.

Y hay personas que tienen una gran capacidad para imaginarse lo peor ante cualquier situación que les suponga un desafío. Ellas dirían un problema.

Así, por ejemplo, si no estás acostumbrado a hacer presentaciones en inglés porque hasta ahora no hacía falta y te dicen “este lunes tenemos visita de la central y tienes que presentar tus resultados en inglés”. ¿Perdón? ¿Yo?

¡Hasta la cámara de la fotografía de esta entrada se puede quedar pequeña para la película que te vas a montar de aquí al lunes!

La cuestión es, ¿cuánto dura tu película ante este evento inesperado?

Pregunto esto porque esta semana, siguiendo una formación de Xavi Pirla sobre Biohacking, justo comentaba que uno de los errores comunes es parar la película antes de tiempo, tanto para lo bueno como para lo malo.

Pongo un par de ejemplos aplicados al contexto del idioma, que para eso estás aquí:

  • Para lo bueno (a mi favor): Sé que me convendría mejorar mi nivel de inglés, pero actualmente no lo necesito. Imagino ponerme a estudiar, veo que en el entorno profesional apenas hace falta. Paro la grabación.
  • Para lo malo (en mi contra): Volviendo al ejemplo de la presentación en inglés. Empiezo a disparar la imaginación, no tengo suficiente nivel, me voy a equivocar, va a ser un desastre, voy a hacer el ridículo, que va a pensar mi jefe de mí. Paro la grabación.   

En el primer caso, me quedo con la autocomplacencia de que, bueno, ahora no lo necesito.  Si llega ese día (que puede llegar por los cambios constantes entre empresas), pues ya me pondré.

En el segundo caso, esa ansiedad que genera la película te condiciona para, cuanto menos, sufrir un gran estrés hasta el momento que pase la presentación. Y a ver cómo se gestiona también el post.

En ambos casos, ¿cómo te ayudaría que la trama de la película tuviera más minutos? Piénsalo antes de seguir leyendo.

¿Ya? 

Pues sigamos.

Me voy a centrar en el segundo caso, cuando la paras antes de tiempo y la trama es tirando a drama in crescendo.

Ahí tienes dos opciones:

  • Seguir aumentado el dolor llegando a imaginar que peligra tu puesto de trabajo porque no tienes suficiente nivel de idioma. Etc etc. hasta que te das cuenta que es un poco drama queen, ¿no? (Yo he sido la reina del drama queen, así que sé de qué hablo).
  • Encarar este desafío como lo que es: una oportunidad de ampliar tu zona de confort que te permite mejorar, crecer y desarrollarte (la nueva yo).

Por supuesto, este desafío vendrá, en la mayoría de los casos, cargado de emociones que generan estrés. 

Lo importante es diferenciar el tipo de estrés:

  • Eutrés: es el bueno de la película porque se asocia a la dopamina (hormona de la felicidad). El que nos hace sentir mariposas en el estómago, emoción, nos mueve a hacer cosas nuevas, a asumir riesgos (controlados) para avanzar y crecer gracias a una mayor capacidad de rendimiento. Pero, ¡ojo! sostenido en el tiempo pasa a ser malo. No nos vengamos muy arriba tampoco y estemos siempre a tope.
  • Distrés: es el malo de la película. Es el que genera cortisol a nivel fisiológico, lo que puede conllevar trastornos a diferentes niveles (cognitivos, conductuales, emocionales, físicos) y terminar en ansiedad o depresión si se sostiene en el tiempo.
  • Estrés: a este tipo le toca ser el feo. Es al que se suele referir todo el mundo que está en un estado negativo de cansancio físico y mental que se mantiene en el tiempo. 

Está en tu mano cuál de ellos quieres que sea el protagonista de tu película ante una situación que supone un desafío.

Algunas pautas que pueden ayudarte para que tengas al bueno en tu película y, sobre todo, vida. Es decir, el eutrés.

  • Observa cómo te hablas: ¿Te reconoces tus logros diarios o solo te fijas en los errores?
  • Fíjate en qué significado das a las cosas: el desafío, el error, las oportunidades.
  • Presta atención a cómo te cuidas: rutinas, alimentación, ejercicio, descanso.
  • Ayúdate de tu respiración cuando necesites conectar contigo.
  • Céntrate en el presente. El famoso “aquí y ahora” de verdad funciona. Cada vez que tu mente se vaya demasiado lejos, hazla regresar. Las veces que haga falta. Al final aprenderá.

Si quieres pautas para sentirte cómodo y avanzar en tu idioma, encontrarás varias entradas que tengo con este objetivo. Además de los recursos gratuitos.

Aquí te comparto los consejos de un políglota, Steve Kaufman, quien habla la nada desdeñable cifra de ¡20 idiomas!

Van en la misma línea que los míos, hablando muchos menos, eso sí.

Antes de acabar, acuérdate de que todo aquello que te permite ampliar tu zona de confort (es mucho mejor que salir) es una oportunidad de seguir creciendo como persona y como profesional.

E invita a la fiesta siempre que puedas al eutrés. Especialmente cuando uses otro idioma.

Como encontrarás en los consejos de Steve Kaufman, la fórmula para aprender idiomas es igual a actitud y tiempo dividido por todo lo negativo (frustración, miedo, inhibición…), según Kató Lomg, políglota húngara que hablaba 17 idiomas.

¡Efectivamente! Es mi cometido y sueño ayudarte a vivir los idiomas EN POSITIVO, para que el divisor de esta fórmula sea cada vez menor.

Te veo en la siguiente entrada.

¡Gracias por estar ahí!

Paloma

Photo by Jakob Owens on Unsplash

¿Quieres saber más? Aquí

Soy Paloma García. Ayudo a profesionales como tú a entender y superar los posibles bloqueos y resistencias en el uso y/o aprendizaje de un idioma. Para que así te transformes en la persona capaz de vivirlo con confianza, naturalidad y disfrute.

Me considero una eterna aprendiz. Vivo con auténtica pasión todo lo que estoy descubriendo gracias al coaching, el emprendimiento y el mundo online.

Si quieres empezar a conocer los detalles de tu experiencia con los idiomas, apúntate a mi Newsletter. Recibirás gratis la guía «El Método ADA: transforma tu enfoque para vivir los IDIOMAS EN POSITIVO»

 

2 comentarios en “¿Cuánto dura TU PELÍCULA antes de hablar en otro IDIOMA?”

  1. Dificultades del árabe: En principio la dicción del idioma. Aspiraciones fonéticas, difíciles de imitar por un español, lo que ya de por sí complica la pronunciación y hace fácil confundir las palabras. Mientras que en ruso, de entrada, el idioma es silábico. Además tiene siempre las mismas letras (un alfabeto de letras limitadas, como nosotros, que se aprende enseguida, a diferencia del alfabeto árabe). Y por último, como ya dije, mientras buscaba información, apareció el curso de ruso de Planeta Agostini, que me permitió tener las ideas generales del idioma de Pushkin e intuir una facilidad mayor con este idioma que con el árabe. Sin embargo, el curso de Planeta Agostini lo vi mediocre. No se podía aprender ruso con él porque explicaba los conceptos a saltos, en lugar de hacerlo con una secuencia lógica, ordenada. Pero me sirvió para intuir que si me lo enseñaban bien, ordenadamente, lo podría aprender. Y con el árabe tendría muchos problemas. Y acerté. El ruso, ordenado debidamente es todo menos difícil: la técnica puede ser aburrida (por mecánica y machacona), pero perfectamente asequible. Eso sí: no se puede aprender ruso estudiando 5 o 30 minutos al día. Quien crea esto es un necio. Mis cálculos (por motivos muy largos de contar) son una relación de 1-4 con respecto al inglés. Una hora de inglés son 4 horas de ruso. 5 palabras por página en inglés en un libro de lectura graduada está bien, pero cuando ya se tiene nivel, en ruso, 20 palabras por página está divino. Dificultades comparativas inglés-ruso: la gramática y el vocabulario, no la fonética, donde el inglés es infinitamente más complicado, pues el inglés es 2 idiomas en uno (uno escrito, y otro fonético, lo que justifica que se aprenda mejor por «inmersión lingüística») mientras que en ruso si no tienes un acento perfecto, no es tan importante, aunque sí es deseable adquirir un nivel mínimo de fonética.

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    • Hola, Miguel Angel. ¡Menudo regalazo tu comentario! Muchas gracias por compartir tu experiencia aprendiendo ruso y tus temores con el árabe. Dan ganas de que nos cuentes más. ¡Un saludo!

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