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Idiomas y emociones

Descubre cómo influyen las EMOCIONES en los IDIOMAS.

¿Cómo influyen las emociones en los idiomas?

Me encanta aprender cosas nuevas. Desarrollar habilidades, desafiar a mi intelecto. 

Si echo la mirada atrás, veo que al aprender algo nuevo, ya fuera un idioma, resolver problemas de matemáticas o ahora con el apasionante mundo del emprendimiento, cada vez que me he visto comprender algo he sentido una indescriptible emoción. Algo parecido a una iluminación. 

El momento ¡wow!: lo entiendo, me ha salido, lo he conseguido.

¿Lo has vivido?

Es el momento “Eureka” según Peter Gärdefors, de la Universidad de Lund (Suecia), quien la define como una de las sensaciones más placenteras que se conocen.

Recordaré siempre un día de noviembre hace ya casi 30 años cuando, tras un par de meses en Brighton, me levanté  y me di cuenta de que entendía cuando me hablaban. 

Habiendo estudiado francés en el colegio, aterricé en UK el mes de septiembre con nociones muy básicas de inglés y sin entender apenas nada. 

La emoción que sentí dos meses más tarde al ser capaz de entender fue impresionante. De verdad que la recuerdo como si fuera hoy.

Es una emoción que se ha repetido en los siguientes idiomas que he ido estudiando. Pasar de no entender (o muy poco) a identificar palabras, sonidos, construcciones gramaticales…es algo que me ha llenado siempre tanto.

Y que quiero revivir con el estudio de japonés. ¡Qué emoción!

Insisto: Me encanta aprender.

O quizás lo que me gusta es sentir esa emoción cuando aprendo.

Sea como fuere, lo que es seguro es que las emociones ayudan en la adquisición de conocimiento.

Antes, durante y después del proceso de aprendizaje.

En las emociones convergen mente y cuerpo: las experimentamos físicamente, pero son el resultado de nuestra actividad  mental (pensamientos).

Las emociones se basan en una compleja red de zonas cerebrales, tales cuales hipocampo, córtex prefrontal, la amígdala y el hipocampo, que también están presentes en el aprendizaje. 

Lo que lleva a suponer que, al adquirir nuevos conocimientos, tanto la parte emocional como la cognitiva están interrelacionadas. 

Las emociones sirven para etiquetar la experiencia en “positiva” o “negativa”. Por lo tanto susceptibles de ser evitadas o, por el contrario, anheladas.

Aprender es un proceso donde las emociones están presentes, jugando papeles muy diferentes. En efecto, hay emociones que facilitan el aprendizaje y otras que, por el contrario, lo dificultan. 

Seguro que has leído u oído más de una vez que aprender jugando es mejor. Así aprenden los niños. 

Ya sea divirtiéndote, disfrutando o tocando tu corazón, si hay una emoción positiva, cuanto aprendes quedará grabado en tu cerebro. 

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Los sistemas emocionales generan motivación y ésta ayuda en el aprendizaje. De hecho, es fundamental.

Sin un objetivo concreto (disfrutar aprendiendo, aprobar un examen, ser capaz de comunicarte en otro idioma, poder usar la nueva tecnología, lo que sea), y una motivación que lo sustente, no se va a poner la atención ni la dedicación / determinación para conseguir lo que se persigue.

La motivación puede ser de dos tipos:

Motivación extrínseca: castigos y recompensas.

Motivación intrínseca: satisfacción de los deseos y necesidades internos

¿Qué motivación te mueve a ti para aprender algo nuevo? ¿Y un idioma?

Aprender idiomas y emociones. Tu experiencia.

Te animo a que dediques un rato a esta parte del artículo, que te dará información muy interesante sobre tu proceso de aprendizaje de idiomas y ver si las emociones te están ayudando o no.

¿Listo? 

¡A por ello entonces!

Has tomado la decisión de aprender y/o mejorar un idioma, ya sea la primera vez que te pones o la enésima, ¿qué emociones y actitudes te acompañan en el proceso de aprender? ¿cómo alimentan o minan tu motivación?

Teniendo en cuenta que la tendencia natural es que se eviten conductas, entornos, situaciones y personas que provoquen emociones desagradables, ¿qué puedes identificar que te esté generando emociones negativas? ¿y  positivas?

  • Obstáculos externos: profesor, clase, material didáctico, contacto con el idioma, falta de comprensión, compañeros…
  • Obstáculos internos: pensamientos, creencias, experiencias propias pasadas…

En este punto, es importante que puedas identificar qué emoción sientes y cómo te afecta/condiciona en el entorno de aprendizaje /práctica /uso de una lengua extranjera.

El siguiente ejercicio te va ayudar a desgranar tus emociones cuando estás en contacto con el idioma.

Las emociones se caracterizan por cuatro elementos: cognitivo (cómo se llama y qué significa lo que sientes), fisiológico (qué alteraciones biológicas sientes), conductual (qué acabas haciendo) y expresivo (con qué señales corporales te expresas).

¿Cómo se traslada esto a un contexto de aprendizaje y uso de una lengua que no es la materna y en la que puedes llegar a sentir que pierdes, en cierto modo, tu identidad?

  • Cognitivo: ¿Qué sientes? ¿en qué momento aparece?
  • Fisiológico: ¿Dónde la sientes, qué te produce en el cuerpo?
  • Conductual: Cómo respondes a esta emoción (¿te retraes, dudas, evitas, te frustras o, por el contrario, te creces, te motivas aún más?
  • Expresivo: ¿Cómo te expresas / lo notas (sonrojo, titubeo, hablar más flojo/fuerte…?

La capacidad de identificar lo que sentimos entraría dentro de la conocida inteligencia emocional, término popularizado por el periodista y psicólogo Daniel G0leman, quien la define como “La capacidad de establecer contacto con los propios sentimientos, discernir entre ellos y aprovechar este conocimiento para orientar nuestra conducta,  y la capacidad de discernir y responder adecuadamente a los estados de ánimo, temperamento, motivaciones y deseos de los demás.”

Así pues, cuánto más te conozcas, más consciente seas de lo que piensas / sientes / haces, cuáles son tus estrategias que te acercan y/o te alejan de tus objetivos, más reajustes podrás hacer para conseguir tus objetivos, de la manera más eficiente, ecológica y anímica posible.

Para ello, te va a ayudar:

  1. Prestar atención a tu propio estado interno para saber identificar qué te pasa, dónde lo notas y en qué intensidad. Es decir, detectar qué emoción aparece y cuándo.
  2. Aprender a identificarla y a ponerle nombre. Hablar sobre tus emociones te permite tomar el control de las situaciones, recuperar un estado de ánimo alterado y focalizarte en la solución en lugar del problema.
  3. Desarrollar una fuerte autoconfianza y autoestima que te permita andar seguro por el mundo, reconociendo tus fortalezas y capacidades, pero también tus limitaciones. 

Gracias a la clara aceptación de uno mismo, te puedas plantear qué mejoras, reajustes y estrategias usar para alcanzar tus objetivos.

Además, la autorregulación emocional te permite:

  • Gestionar el estrés
  • Afrontar las situaciones en modo solución y desafío
  • Automotivarte
  • Saber gestionar la demora que aprender un idioma tiene de forma intrínseca (no se aprende de un día para otro, no hay meta, es un proceso, no un fin)
  • Afrontar la frustración que puede aparecer por la propia demora y porque aprender es un proceso vivo, con pasos adelante y atrás constantes
  • Ser perseverante 
  • Aumentar tu grado de concentración, al no dedicar energía de tu cerebro a gestionar y luchar contra malas emociones.

Todos estos puntos son fundamentales para aprender un idioma, puesto que es un proceso largo, con sus más y sus menos.

Un camino apasionante, eso sí. Si así DECIDES vivirlo.

Controlar los pensamientos negativos y desarrollar el pensamiento positivo, así como el crítico, es clave para aprender y disfrutar haciéndolo.

La buena noticia es que uno no nace, vive y muere negativo si uno no quiere. Tú puedes decidir cómo vivir las situaciones.

¿Hay mayor libertad que ésa?

Toma papel y boli y escribe las respuestas a las preguntas anteriores.

La información está en las respuestas.

La información es poder.

Aprender riendo.

Para facilitar el aprendizaje, el ambiente en el que te muevas debe ser positivo, de tal manera que asocies el proceso de aprender a alegría y disfrute.

Prestar atención a tu bienestar y disfrute cuando aprendes es fundamental. Así como combatir el estrés y los estados emocionales negativos.

El sentido del humor y la risa es una de las mejores formas para generar un buen ambiente, tanto con uno mismo como con los demás.

Así que ¡practícate el sentido del humor y ríe!

Los beneficios de reír son múltiples:

  1. Mejora la oxigenación de la sangre, lo que ayuda a nuestro cuerpo (en especial el cerebro) a funcionar de un modo más óptimo. 
  2. Regulariza el pulso cardiaco, disminuye la presión arterial y participa en la liberación de lipoproteínas.
  3. Reduce la tensión muscular, puesto que nuestro cuerpo se relaja tras todo el movimiento muscular que tenemos al reírnos.
  4. Estimula la liberación de hormonas y neurotransmisores que nos hacen sentir bien, como son la dopamina y la serotonina.

Sin olvidar que reír es una de las mejores formas que tenemos para interactuar con los demás. Es un lenguaje universal que fortalece los lazos afectivos y de conexión.

Hablando con ejecutivos sobre cómo gestionan su relación con el idioma, comentan que el sentido del humor y reírse es un gran recurso para:

  • Crear mayor vínculo y conexión con el interlocutor que tienen de otro idioma, especialmente cuando el nivel del idioma no es alto.
  • Generar un entorno de confianza y seguridad en sus equipos para que puedan comunicarse en otro idioma aunque no se sientan seguros o cómodos todavía.
  • Ser un referente para sus equipos al ser los primeros que se ríen de sí mismos si cometen errores al hablar en otro idioma, de tal manera que rebajan la tensión y nivel de exigencia.

¿Cómo y cuándo usas tú el sentido del humor como recurso y aliado?

Incluso cuando no estamos para risas, podemos forzar parte de sus beneficios. 

¿Cómo?

Pues tan simple como forzar la sonrisa cuando se está mal o bien simularla poniendo un boli en la boca y aguantarlo de forma horizontal. 

Como se activan los mismos músculos que cuando te ríes de forma natural y espontánea, nuestro cerebro lo asocia a emociones positivas y agradables.

Así que ya sabes. Practícate el sentido del humor y ríe.

No solo te vas a sentir mejor, sino que vas a aprender más y mejor.

¿Cómo vas a hacer que tus emociones influyan a partir de ahora en tus idiomas?

¡Te leo en los comentarios!

Un abrazo,

Paloma

Photo by Tengy Art on Unsplash

 

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Soy Paloma GarcíaAyudo a profesionales como tú a entender y superar los posibles bloqueos y resistencias en el uso y/o aprendizaje de un idioma. Para que así te transformes en la persona capaz de vivirlo con confianza, naturalidad y disfrute.

Me considero una eterna aprendiz. Vivo con auténtica pasión todo lo que estoy descubriendo gracias al coaching, el emprendimiento y el mundo online.

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