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7 lecciones caninas aplicables a los IDIOMAS.

7 lecciones caninas aplicables a los IDIOMAS. 

Este es un artículo muy especial.

Porque especiales son los protagonistas: Gol y Nere.

Nuestros dos perros pastores de 13 meses que nos llenan de alegría, responsabilidad y mucho aprendizaje.

De esto precisamente voy a hablar hoy.

De lo que educar a dos perros nos enseña y cómo podemos trasladarlo a nuestra propia experiencia con los idiomas.

Con los idiomas y con otras áreas de nuestra vida.

A ti de decidir cuáles y cómo quieres aprovechar lo que aquí se comparte.

¿Empezamos?

¡Vamos!

Lecciones caninas.

1. Cuestión de tiempo.

¿Cuándo empezar a adiestrar un perro?

Nosotros empezamos cuando los perros tenían ya el año a raíz de un comportamiento puntual que no nos gustó nada y que podía derivar en un problema gordo de por vida si se acentuaban algunas reacciones reactivas/agresivas.

Hasta entonces, los perros eran cachorros y todo era de color de rosa. Hacían más o menos caso, pero no suponían ningún peligro.

Al año y ya en pleno inicio de su adolescencia (los perros también tienen adolescencia con lo que ello conlleva de energía, hormonas, rebeldía etc. etc.), nos dimos cuenta de la gran responsabilidad que supone tener perros. 

Así que buscamos ayuda de un educador canino de inmediato y nos pusimos de pleno en su educación.

Los perros están respondiendo muy bien y aprenden como esponjas.

Sin embargo, hay ciertas conductas que va a costar tiempo cambiarlas. 

Es decir, en un contexto de laboratorio sin estímulos reales, los perros, por ejemplo, obedecen de maravilla.

Pero cuando los llevas al mundo real con estímulos en forma de otros perros, la llamada que funciona también se tuerce.

Y esto nos va a llevar tiempo cambiarlo y/o apoyarnos en herramientas externas.

¿Qué hubiese pasado de haber empezado cuando eran cachorros?

Primero: los perros hubiesen aprendido más rápido.

Segundo: algunas conductas que ahora pueden suponer un problema no estarían.

¿Cuál es la lección aprendida?

Esperar a tener la necesidad, sea en educar a un perro o en aprender un idioma, tiene un coste: incidente con otros perros y pérdida de una oportunidad profesional, respectivamente.

Además de las prisas que entran para que aprendan y respondan cuanto antes para estar tranquilos.

¿Te resulta familiar?

De todos modos, lo importante  es que nunca es tarde para ponerse a aprender.

Los perros, como los humanos, pueden aprender toda su vida.

No son viejos para cambiar.

No son viejos para aprender.

Nosotros tampoco para aprender idiomas.

Simplemente se aprende diferente.

2. Cuestión de paciencia y constancia.

Pues sí. 

Seguro que has oído en numerosas ocasiones que, para aprender un idioma, se requiere paciencia y constancia.

Para educar a un perro, lo mismito.

No hay resultados que se sostengan en el tiempo y aumenten sin constancia, sin insistir, sin repasar.

Algo que ayuda mucho, tanto con los perros como con los idiomas, es confiar en el proceso e ir día a día.

Si esperamos tener los resultados que queremos para estar tranquilos con los perros o con el idioma de forma inmediata, nos vamos a llevar más de una desilusión y frustración.

Porque requiere su tiempo.

Para no desistir, hay que confiar en el proceso y en las pautas de un experto/especialista en la materia.

De vital importancia gestionar bien las expectativas.

3. Foco atencional.

Algo de lo que me di cuenta las primeras semanas de educar a los perros es que me fijaba más en lo que los perros no hacían que en lo que sí hacían.

Esto suele ser una respuesta innata de nuestro cerebro: fijarse en lo que le falta y no en lo que tiene.

Además de la mala energía que me generaba, esto resultaba muy injusto no solo con los perros, sino conmigo misma también.

Por un lado, yo estaba aprendiendo a educarles y estaba haciendo lo que se pactaba.

Por otro lado, ellos estaban aprendiendo y respondiendo.

Y hay días de todo. 

Días fantásticos donde todo fluye y todo sale bien.

Días en lo que yo me equivoco, ellos se equivocan o se pelean o se escapan.

Pero no es justo que solo me fije en la cal y no en la arena, porque son más las veces que responden bien que las que no.

No nos puedo exigir más de lo que corresponde. No es justo y, lejos de servir de algo, frustra y resta energía.

Si cometo un error, lo analizo y decido qué voy a hacer diferente la próxima vez. Respiro y no le doy más importancia.

Desapegarse de los errores, aprender de ellos, verlos como oportunidad de mejora te cambia la vida.

¿Cómo eres tú con los idiomas? ¿Dónde pones la atención?

4. La clave está en la asociación.

Los perros tienen dos principales tipos de inteligencia que se reparten en:

70% Instintiva
30% Adaptativa

En la parte adaptativa, es donde entramos con la educación-obediencia.

¿Cómo?

Aplicando su estrategia de aprendizaje por asociación:

😃 Algo les resulta beneficioso: lo repiten.
😖 Algo les resulta fastidioso: lo evitan.

Los perros están constantemente comunicando con su lenguaje y no hacen las cosas de forma aleatoria o porque sí.

Hay una intención positiva para ellos y que les acerca a lo que quieren conseguir o aleja de lo que quieren evitar.

Este punto es de suma importancia porque te ayuda a abrir los ojos sobre no reforzar comportamientos que no queremos de manera inconsciente.

Algo muy común entre los dueños de perro. Con la mirada, el nombre, el quejarnos, entre otros, podemos reforzar un comportamiento no deseado. Porque ha conseguido lo que quería: nuestra atención.

Si vamos a los idiomas,  ¿qué tipo de asociaciones generamos?

Nosotros también anclamos experiencias que nos frenan o impulsan a la hora de volver a enfrentarnos a esa situación.

⛔️ De modo que se generan respuestas automáticas del tipo “no” cuando el inglés, por ejemplo, está presente.

Nos remueve demasiado y nos pone en un estado de alerta.

Hay parte instintiva (supervivencia), pero también mucha parte de rumiación que no ayuda.

A diferencia de los perros, tenemos una inteligencia que nos permite razonar y motivarnos u obligarnos a hacer algo si es necesario o lo consideramos oportuno.

Esto está muy bien, pero tiene su riesgo.

Si repetimos y repetimos, léase anotándonos a formaciones de idiomas sin conseguir resultados diferentes, el riesgo es que esto nos lleve solo a aumentar nuestra frustración.

Lo veo en mis clientes.

Admiro esa fuerza de voluntad para seguir intentando mejorar en el idioma que les interesa.

Agradezco 🙏 infinitamente que me den la oportunidad de ayudarles a hacer las cosas diferentes.

Es decir, que se paren, analicen y obtengan claridad para ponerse en marcha de nuevo.

5. Efectos de la exposición constante.

¿Puede mi perro llevarse bien con el del vecino si ahora la relación no es buena y se altera cada vez que lo ve?

Una pregunta parecida a ésta oímos que le hacía una chica al educador canino antes de empezar con nuestra sesión. 

Él le contestó que, igual que a nosotros no nos cae bien todo el mundo, a los perros tampoco. Cierto es que nosotros podemos guardar las formas y controlar nuestro lenguaje verbal y, a veces, no verbal.

Para trabajar esto, explicó que los perros funcionan por habituación o sensibilización.

Es decir, puedes exponer al perro al estímulo que le hace reaccionar de un modo no deseado (miedo, reactivo, agresivo) y ver si, gracias a la habituación, se acostumbra y lo acabo aceptando.

Por supuesto, puede ocurrir el efecto contrario: que se sensibilice y cada vez sea peor.

A cada exposición, va en aumento la respuesta no deseada.

Con cada exposición que tienes con el idioma que te interesa, ¿te habitúas o te sensibilizas?

¿Te ayuda a sentirte cómod@ o bien aumenta tu bloqueo?

6. La distancia hace la diferencia.

¿Qué ayudaría al perro de arriba a habituarse y no fomentar la sensibilización con el perro vecino?

Con eso o con un estímulo que le dé miedo, como personas, niños, coches, motos…

La distancia.

Si nos fijamos en nuestros perros y en su lenguaje corporal, la distancia a la que se encuentre el estímulo marca su respuesta.

A mayor distancia, sabe gestionar mejor la situación.

Respetar la distancia donde el perro se siente seguro nos permite ir exponiéndolo al estímulo no deseado para él.

Por ejemplo, si hacemos que dos perros que no se llevan bien, para que se acostumbren a verse, vayan de paseo juntos, tenemos que controlar y respetar la distancia que resulte cómoda para el que vive la experiencia como algo negativo.

Estamos así trabajando la habituación o desensibilización respetando sus necesidades.

Para ello, es crucial:

  1. Fijarnos en nuestro perro para identificar qué nos está diciendo en cada momento.
  2. Entenderlo.
  3. Respetarlo.
  4. Darle su espacio y ritmo.

Lo de tirarse a la piscina directamente puede ser muy dañino.

A mayor estado emocional alterado del perro, por miedo, sobreexcitación, etc, menor su capacidad cognitiva. Menos caso nos va a hacer (ni nos ve, su foco está puesto en la situación o el elemento “enemigo”) y menor es su capacidad de aprendizaje.

Lo mismo pasa con los idiomas. Cuantos más nervios, más ansiedad, menor control y aprovechamiento de los conocimientos que tienes.

En tu caso con los idiomas, ¿cuál es la distancia que te permite estar segur@ pasando a la acción en el mundo real? 

Recuerda: la práctica es crucial y no debe limitarse a lo que se hace en el aula. Eso solo es una parte del aprendizaje.

¿Y cómo aplicas los cuatro puntos de arriba contigo mism@?

7. Todo se resume en CONFIANZA.

Sí, menudo descubrimiento, ¿verdad?

Hay que confiar en:

  • El proceso.
  • El/la especialista que te ayuda.
  • EN TI.

Y, en el caso de los perros, también en ellos.

Cuando tuvimos el incidente con ellos, cogí mucho miedo y no confiaba en ellos. Habían dejado de ser lindos cachorros para ser dos adolescentes que apuntaban maneras de “camorreros”.

Tres meses más tarde, confío en ellos:

  • En su capacidad de aprendizaje.
  • Y en las decisiones que toman.
  • También en las intenciones que muestran con otros perros. Por lo tanto, les dejo que se acerquen si veo que el otro perro también está tranquilo y con ganas de conocerse.

Y, por encima de todo, confío en mí y en mi capacidad de gestionar situaciones complicadas con ellos, de enseñarles, de ser su referente/guía.

Para ello, ha sido clave:

  1. Autoconocerme y gestionar mis emociones cuando estoy con ellos. Los perros son nuestro espejo. Enfadarme, gritar, perder el control empeora la situación. Los perros responden a la energía, al lenguaje corporal y, por último, a la voz.
  2. Aprender a entenderles y ayudarles en su propia gestión emocional y autocontrol. 
  3. No ponerles la etiqueta de perros reactivos. Esto es algo en lo que Mónica Corchado insiste mucho. Son perros con reacciones reactivas. ¿Verdad que cambia la emoción que genera lo segundo respecto a lo primero? El lenguaje es muy potente. Nuestro perro no es lo que hace puntualmente, por más que lo repita hasta que le ayudemos a superar eso. Ojo con las etiquetas que ponemos a nuestros perros y a nosotr@s mism@s.
  4. Respetar los tiempos y gestionar bien las expectativas del programa y de los avances.
  5. Práctica constante y congruente, permitiéndonos cometer errores y aprender de ellos.
  6. Entender y aceptar que a veces pierda el control si algo se tuerce, dándome el tiempo de tranquilizarme, recuperar el control y volver a empezar con ellos. Esto aplica por igual a ellos.
  7. Ir de la mano de expertos en la materia. Sin ellos, estaría perdida entre los miles y miles de consejos, pautas y demás que circulan por la red en relación con la educación canina. Infinitamente agradecida a Piluecan y Mónica Corchado por su generosidad al compartir su conocimiento (una milésima parte plasmada en este artículo) y por el seguimiento tan cercano que tienen con los perros y sus dueños. Seguimos aprendiendo con ellos.

En el aprendizaje y, sobre todo, uso de un idioma extranjero, la confianza es un elemento clave que suele verse muy mermado.

Cuando entiendes cómo ha sido tu experiencia, cómo vives el idioma, cómo esto afecta a tu confianza y qué pasos dar para conseguir tu libertad lingüística, todo cambia.

¿Quieres saber cómo?

Aquí tienes una opción rápida y fácil: Consultoría Idiomas Exprés.

Cuéntame, ¿tienes perros? ¿te has sentido reflejad@ con alguna de estas lecciones caninas?

¿Y con los idiomas?

Me encantará leerte en los comentarios.

Un abrazo,

​Paloma
 
P.S. Este es un contenido que surgió de una encuesta que hice en LinkedIn donde Nere, el perro negrito, preguntaba si querían saber sobre lo que su mamá humana (servidora) estaba aprendiendo con su educación. Salió que sí y yo encantada de hablar de todo esto. Está siendo un viaje fascinante aprender sobre, de y con los perros. Unos animales increíbles que nos hacen de espejo, nos permiten conocernos de un modo insospechado y nos hacen mejores personas. Gracias, Gol y Nere. Os queremos un montón. 
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Paloma Coach de idiomas

Soy Paloma García, coach de idiomas. Ayudo a profesionales como tú a alcanzar sus metas personales y profesionales a muy corto plazo, gracias a dar los pasos necesarios con los idiomas de une vez por todas.

Me considero una eterna aprendiz. Vivo con auténtica pasión todo lo que estoy descubriendo gracias al coaching, el emprendimiento y el mundo online.

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1 comentario en «7 lecciones caninas aplicables a los IDIOMAS.»

  1. Me encanta el artículo Paloma! Como has sabido enlazar el tema de los perros con lo complicado que es a veces aprender idiomas con una edad ya, y de verdad… felicidades!!!

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