Y, si puede ser también aprender un idioma fácil, pues mejor que mejor.

Investigando en la red sobre cuáles son las búsquedas más recurrentes relacionadas con aprender un idioma, en especial el inglés, lo que aparece en los primeros puestos es aprender rápido y aprender fácil.

La primera pregunta que me viene es qué significa rápido. ¿Estamos hablando de en poco tiempo (meses, semanas quizás)? ¿O queremos decir sin esfuerzo? ¿O hablar con fluidez en nada? 

¿Qué es rápido? Es más, ¿se puede aprender un idioma rápido?

Al igual que en otros procesos, los resultados no son inmediatos y hay un tiempo de demora entre que se empieza la acción y se ven resultados, sobre todo los “notorios”. Léase perder peso o poder correr una maratón o una carrera de 10 Km, cuando no se ha corrido nunca. El proceso es lento y requiere constancia. Parece de sentido común, pero cuando creemos que los resultados no acompañan o tardan en llegar, adios sentido común.

Ya sea antes de empezar o cuando tu motivación se resiente por lo antes escrito, es cuando te puedes plantear buscar una fórmula que lo haga fácil.

¿Hay receta mágica?

Pues, mucho me temo que no. No hay una pócima que nos permita pasar de cero a cien en  un idioma de forma rápida. No en las condiciones habituales con las que la mayoría aprende un idioma. 

Pido disculpas si el título lleva a confusión. Dale una oportunidad a lo que sigue.

No hay fórmula mágica. Ahora bien, lo que sí que hay ya sea para aprender un idioma, perder peso o correr,  lo que hace la diferencia es uno mismo. Ahí está el secreto.

Así que, ¡buenas noticias!: Está en tu mano acelerar el proceso

Vamos a ver cómo.

¿Qué se requiere para aprender un idioma?

1. Deseo:

¿Qué es lo que hace que quieras aprender y comunicar en otro idioma? Muchas veces el disparador no responde a una pasión/deseo nuestro, sino más bien externo (aparentemente), como puede ser una demanda profesional. En este caso, cuando no nace de ti puede resultar difícil iniciar la acción y/o sostenerla en el tiempo. Especialmente cuando en tu trabajo actual puedes pasar sin el idioma. Si bien sabes que en algún momento, no tener ese idioma, te va a cerrar puertas.

Así que en este punto es importante revisar qué hay detrás de la necesidad del idioma (deseo, obligación, oportunidades), para qué te planteas tener ese idioma y cómo puede cambiar tu día a día gracias a él. Desde este conocimiento puedes anclar tu motivación y, sobre todo, compromiso, vinculado a tus valores.

2. Foco:

El segundo paso es definir qué quieres ser capaz de hacer con el idioma. Cuándo y qué vas a hacer para conseguirlo. Eso es, fijar objetivos. Importante siempre para guiar tu camino y ser más eficiente. 

Gran parte de la frustración, abandono y desmotivación suele venir por una incorrecta fijación de objetivos. Seguro que te suena el acrónimo de SMART para objetivos. Se trata de esto, de ponerse objetivos realistas. 

En el contexto del idioma, el primer objetivo es definir lo que indico arriba de qué se quiere ser capaz de hacer con el idioma. Puedes pensar “pues hablarlo”. Sí, pero ve al detalle. En qué contexto, cuándo, qué otros elementos hay en juego, de qué punto partes, cuál es tu actitud respecto a los idiomas, tu experiencia, etc. etc. 

Este detalle te ayudará a definir tu plan de desarrollo con el idioma, en especial si has ido cambiando de formación sintiendo que no acabas de encontrar ninguna que te funcione.

3. Inmersión:

Dicho de otro modo, exposición al idioma. Es decir, buscar los máximos contactos con el idioma que se puedan, por nimios que parezcan. Recuerdo cuando entrenaba con un monitor para correr y me decía que todo sumaba. Subir las escaleras del metro, caminar una parada. Todo sumaba y el cuerpo lo acumulaba. Pues con el idioma estamos igual. 

Hoy en día las oportunidades que tienes para poder leer/hablar/escribir/oír el idioma objetivo son infinitas. Mira a tu alrededor. En el entorno profesional, ¿cuándo puedes usar el idioma? En tu vida personal, ¿qué espacios tienes?

4. Constancia:

Este punto va unido al anterior. No sirve de mucho el gran atracón si después se deja aparcado semanas. Lo mismo que hacer ejercicio. Los resultados vienen con constancia y esfuerzo. Lo bueno del idioma es que, si se busca y quiere, se pueden ir aplicando desde el primer momento los nuevos conocimientos.

No hay que esperar a estar bien preparado, a no cometer errores, a tener fluidez, etc etc. Esto suele ser común, pero te limita en lugar de ayudarte a dar cada uno de los pasos que te van a llevar a sentirte cómodo en el idioma. Mejor hecho que perfecto. Para ello basta con que trabajes el siguiente punto.

5. Exponerse:

Eso es. La exposición al idioma, cuando es de forma activa (hablar, escribir, incluso escuchar) supone exponerse. Y algo más difícil todavía: el riesgo de cometer errores. ¿Qué vas a pensar de ti al cometer un error? ¿cuál es el peso que das a los errores? ¿qué pensamiento/emoción les sigue?

A veces, por evitar esa sensación de que uno cree que le van a juzgar por su nivel del idioma, o por esa costumbre de compararse con los demás, puedes zafar situaciones donde se requiere el idioma (por ejemplo, reuniones de trabajo, reuniones sociales, hacer esa llamada en lugar de enviar un mail). Cada una de estas exposiciones al idioma, como sabes, te ayuda a avanzar en tu desarrollo y en vivir el idioma desde la naturalidad y confianza.

¿Qué podrías hacer para cambiar esta situación? ¿Con qué recursos cuentas que te han ayudado en otras situaciones? ¿de qué manera puedes prepararte para ese contexto que evitas?

6. Traslado:

Last but not least (perdón por el anglicismo. Me encanta la eficiencia del lenguaje que tiene. Mucho más corto que “por último, pero no menos importante por ello”), este punto es un resumen de alguno de los puntos tratados. 

Es decir, cuando definas para qué quieres usar el idioma, fija cómo vas a adquirir los conocimientos y desarrollar tus capacidades, de tal manera que puedas trasladar todo lo que vayas adquiriendo, día a día, a cuantas exposiciones al idioma puedas tener, sobre todo aquellas en las que te expones tú al idioma de forma proactiva.

El hecho de poder transferir lo que adquieres en tu formación a tu día a día, en especial al contexto en el que quieres aplicar el idioma, hará que tu motivación se mantenga y alimentará tu confianza.

A menudo se abandonan formaciones de idiomas porque no se le ve una utilidad real a lo que se hace en clase. Como parte responsable e influyente de tu desarrollo, analiza bien qué estás haciendo, cómo te acerca a tus objetivos y cómo puedes sacarle el mayor partido. 

Elemento clave

Me aventuro a decir que quizás acabas de pensar que no hay nada nuevo en lo que acabas de leer. 

Y no te falta razón. Es de sentido común.

Lo nuevo es pararte a pensar en cómo eres tú en cada uno de estos puntos. La información relevante y nueva está en ti. 

Así que aprovecha este momento y dedícate unos minutos a pensar en cada uno de esas claves. ¿qué estás haciendo? ¿te acerca a tu objetivo con el idioma? ¿qué pequeños cambios puedes hacer que marquen la diferencia? ¿puedes acelerar de este modo tu aprendizaje?

¿Algo nuevo aquí? 

Comparte en los comentarios algo que vas a cambiar a partir de ahora.

¡A por esos cambios!


Imagen de marcelkessler en Pixabay

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Soy Paloma García. Ayudo a profesionales como tú a entender y superar los posibles bloqueos y resistencias en el uso y/o aprendizaje de un idioma. Para que así te transformes en la persona capaz de vivirlo con confianza, naturalidad y disfrute.

Me considero una eterna aprendiz. Vivo con auténtica pasión todo lo que estoy descubriendo gracias al coaching, el emprendimiento y el mundo online.

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