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Propósitos de Año Nuevo: IDIOMAS

Propósitos de Año Nuevo: IDIOMAS.

Propósitos de Año Nuevo: IDIOMAS. 

Con la llegada de un nuevo año, ¿cuál de estos propósitos te has marcado?

  1. Hacer (más) ejercicio.
  2. Perder peso / hacer dieta.
  3. Comer (más) saludable.
  4. Dejar de fumar.
  5. Aprender algo nuevo (¿idiomas?)
  6. Mejorar las finanzas / ahorrar dinero.
  7. Disfrutar (más) de la familia.
  8. Viajar a nuevos lugares (situación actual permitiéndolo)
  9. Reducir tu nivel de estrés / conectar con el aquí y ahora.
  10. Beber menos.

Este propósito (o estos, si son más de uno), ¿se repite/n año tras año?

Tan normal como ilusionarnos y fijarnos nuevos propósitos con el año nuevo es abandonarlos al poco tiempo.

Hay estadísticas de todo tipo.

Las más pesimistas indican que solo el 8% mantiene los propósitos durante todo el año.

Otros datos:

  • 25% no logra sus propósitos ni siquiera la primera semana de enero. 
  • 77%  abandona tras la primera semana.
  • 40% renuncia a los 6 meses.

Otros estudios dicen que la media de días en los que estamos activos con el propósito es de unos 36 días.

Es decir: para mitad de febrero ya lo hemos dejado.

¿Por qué nos sucede esto?

Antes de verlo en detalle, ¿de dónde nace la costumbre de fijarnos propósitos para el arranque de un nuevo año?

El origen de los Propósitos de Año Nuevo.

Allá por los años 6000 y 5000 a.c., los habitantes de Mesopotania, ubicada en la tierra entre dos aguas, las de los ríos Tigris y Éufrates; tenían por costumbre una serie de propósitos para iniciar cada año nuevo.

El año nuevo entonces empezaba el mes de marzo y se festejaba durante 12 días, en lo que se conoce como Akitu.

Estos propósitos no eran, como ahora, fruto de nuestro deseo de superarnos y mejorar. Sino que el objetivo era tener el favor de los dioses en todo el reino. Para ello, en un acto cívico y religioso, los ciudadanos juraban sus metas frente al gobernante en turno.

Todo inicio, sea un año nuevo, sea lo que sea, siempre va acompañado de cierta incertidumbre.

De ahí esa voluntad de tener la protección y bendición de los dioses.

Es, por lo tanto, una tradición babilónica que ha llegado hasta nuestros días, con la correspondiente evolución y transformación.

Con la llegada del imperio romano, estos adoptaron esta costumbre para, siempre en marzo, hacer juramentos de lealtad a su emperador. Estos se renovaban año tras año.

Según este artículo, contiene otras tradiciones de estas fechas, 

Para el siglo XVIII, esta línea de promesas civiles fue adoptada por la iglesia metodista, quien la llevó a la práctica de realizar servicios de renovación el 31 de diciembre. Durante sus servicios religiosos, se daba la oportunidad a los feligreses de pensar en lo que había pasado durante el año, y así, renovar su compromiso con Dios durante un año más.

Por lo tanto, la evolución de los propósitos de Año Nuevo ha pasado de tener una una connotación más bien política, a un contextos reliegioso, para terminar siendo algo secular, que nos lleva a desear, intentar y conseguir (los menos, lamentablemente) desarrollar hábitos saludables y útiles de cualquier tipo, como hemos visto en la relación anterior de los 10 propósitos más comunes. 

¿Por qué abandonamos los propósitos de Año Nuevo tan rápido?

¿Cómo puede ser que nos dure tan poco la buena intención con la que hemos marcado lo que este año, sí y sí, vamos a hacer?

¿Qué pasa con ese cosquilleo, con esa emoción por hacer algo que sabemos que es bueno para nosotros? 

¿Y con la confianza de que lo vamos a conseguir esta vez?

Los inicios, ya sea de año, de curso, hasta de semana (el famoso “el lunes comienzo”),  nos llenan de una energía extraordinaria, ¿verdad?

De golpe, nos anima e impulsa a confiar en nosotros y dejar atrás todo intento fallido al habernos puesto o no haber llegado ni siquiera a iniciar el propósito deseqado.

Tenemos la sensación de que se abre una nueva página en blanco para nosotros que vamos a poder escribir diferente esta vez.

Nos imaginamos consiguiendo llevar a buen término la habilidad, el hábito y la rutina que hay detrás de cada propósito de año nuevo.

Dejamos atrás el juicio tan duro, la vocecita interna que nos dice que no lo vamos a conseguir o que para qué ponernos o que ya lo haremos más tarde.

Desaparecen la desgana, la desmotivación, la procrastrinación como por arte de magia.

¡Qué maravilla!

Nos invade una actitud interna que nos llena de ganas de pasar a la acción y de confianza para conseguirlo.

Una energía que creemos invencible y que nos va a ayudar cuando el esfuerzo para desarrollar el nuevo hábito aparezca.

Es más, no vemos a veces ni esfuerzo en hacerlo.

Pero…

Cuando nos damos cuenta de que se sacrifica el placer inmediato, que tenemos que desactivar el ahorro de energía al que nos lleva nuestro cerebro de manera instintiva y somos más conscientes que nunca que los objetivos no son una carrera corta de velocidad, sino un maratón.

¡Ay, amigo! Ahí empiezan los problemas y llega la tentación del abandono.

Nos contamos mil historias para justificarnos por qué no lo conseguimos o bien miramos para otro lado.

¿Te suena familiar?

Cuatro motivos por los que abandonas los propósitos de Año Nuevo.

Primer motivo: Te has venido muy arriba con tus propósitos.

Es decir, tus propósitos son muchos y poco realistas.

Además, no están bien definidos.

“Hablar inglés como un nativo”

Además de hacer actividad física todos los días, dejar el azúcar, ver más a tus familiares/amigos y alguna cosita más.

Podría ser un buen ejemplo.

En realidad, no son cosas incompatibles y se podría llevar.

Pero hay que definirlo mejor (veremos en uno de los puntos siguientes).

Porque sino se corre el riesgo de abandonar cuando te entre esa sensación de agobio por toooodo el camino y esfuerzo que eso te va a llevar.

Por ejemplo, pensar que no vas a comer azúcar nunca más. ¿No te dan ganas de ir directamente a una pastelería?

Hay que tener en cuenta que no vas a tener siempre esa motivación inicial y tirar solo de fuerza de voluntad no será suficiente salvo que la tengas muy trabajada y tengas en cuenta otro tipo de motivaciones.

Mira este artículo sobre la motivación para entender mejor este punto.

Además, si hay muchos propósitos, tendrás que repartir bien la energía entre ellos. Energía es igual a tiempo, atención, intención y toma de buenas decisiones.

El preludio al abandono es el momento donde empiezan a aparecer los socorridos “esque”: es que no tengo tiempo, es que hace frío, es que es muy difícil, es que en realidad no lo necesito, es que es imposible, es que si hubiera hecho esto hace años, es que yo estudié francés, es que tengo muy mal acento, es que ya lo he intentado todo…

Y así hasta la llegada del nuevo año o del inicio del curso escolar, donde nos vuelve esa energía mágica.

Segundo motivo: Tu propósito es demasiado general. 

Es importante definir bien el QUÉ porque eso nos va a ayudar a definir el CÓMO.

Cuando los objetivos que nos marcamos son poco específicos o claros, lo normal es fallar.

Porque, al no definirlo bien, no vas a saber con claridad qué hacer y lo vas a dejar a la improvisación.

Y ahí, de nuevo, tu cerebro puede jugarte malas pasadas.

Así que define bien tu objetivo con el inglés o el idioma que te interese.

Por ejemplo, puedes optar por:

  • Definir qué quieres verte haciendo en ese idioma a 1, 3, 6 y 12 meses vista. Cosas que se puedan “fotografiar”: escribir mails, hacer comentarios en publicaciones en RR.SS., enviar mensajes de voz a un conocido en inglés, escuchar podcasts e ir anotando lo que entiendes para ver los progresos. 
  • Establecer qué tiempo vas a estar en contacto con el idioma objetivo: dedicar 15-30-45 minutos al día o cada x días. 

Todo esto es cuantificable y medible.

Lo que significa que vas a poder hacer seguimiento y ver si eres constante en el tiempo.

En palabras de Benjamin Harkin:

“Monitorear o registrar el progreso del objetivo es un proceso crucial que asegura que los objetivos se traduzcan en acción»

Tercer motivo: no tienes claro tu por qué.

Es decir, lo que te mueve realmente para desarrollar el hábito que te has propuesto.

Si es solo una moda o porque todo el mundo lo hace o por algo que no conecte realmente contigo, entonces tienes muchos números de fallar. 

Como comentado, nuestro cerebro va a estar siempre muy atento a la energía que le supone desarrollar este cambio y nuevo hábito.

Si no tiene motivos de peso, no te va a apoyar y va a activar el modo ahorro de energía. 

Y encontrará mil maneras para hacerlo: poniéndote delante placer inmediato, diciéndote que esto no sirve para nada, que te va a llevar toda la vida conseguirlo, etc. etc. Los famosos “esque”.

Así que te toca terminar esta frase:

  1. Quiero aprender/mejorar inglés porque quiero…

De máxima importancia si es un idioma que no necesitas en tu día a día. Ahí tienes que tener muy claro tu porqué y tu para qué.

Al definir las acciones, ten en cuenta:

  1. La intención: Para qué lo quieres hacer. Cómo te ayuda en tu objetivo.
  2. Los beneficios: qué ganas con esta acción.
  3. El coste de oportunidad: a qué vas a tener que renunciar para hacer esto.

De este modo tu cerebro te ayudará a tomar las decisiones correctas en el momento que toque llevar a a práctica la acción definida.

Cuarto motivo: El proceso no te ayuda.

Este punto es fundamental.

Definir un sistema que te ayude, que te genere adherencia, que te resulte cómodo, atractivo y suficientemente estimulante, pero sin ser demasiado difícil es clave. 

Especialmente importante si ya has hecho varios intentos para mejorar un idioma y no has terminado abandonando.

Te recomiendo estas dos publicaciones del blog:

Procrastinar APRENDER UN IDIOMA: 5 posibles MOTIVOS.

Bloqueos con los idiomas.

Para no perder la motivación por el camino, en lugar de poner la atención constantemente en si tienes resultados o no, si avanzas o no, lo mejor es confiar en el proceso y hacer seguimiento de que estás cumpliendo el plan de acción que te has marcado.

También saber reconocerte cualquier pequeño avance que hagas y notes. 

Si ahora entiendes algo que antes no. Si te has atrevido a hacer algo que antes no hacías.

Lo que tú veas.

Y, sobre todo, que estás siendo constante.

Los resultados ya llegarán.

Ten en cuenta: 

  1. El tiempo que le vas a dedicar.
  2. Qué habilidades lingüísticas vas a trabajar en cada bloque de tiempo.
  3. Los recursos que vas a utilizar: que sea un contenido comprensible en su mayor parte (alrededor 80%). Que se convierta en fácilmente comprensible de forma rápida. Dale un tiempo al material elegido, salvo que veas, tras varias sesiones, que no lo entiendes y que no es el material correcto. Lo mejor es darle al menos unos 3 meses de vida. No te cases con ningún material. Si pasado un tiempo no te genera adherencia, busca otro.
  4. Llevar un registro te permitirá monitizar si estás dedicando más tiempo a unas áreas en detrimiento de otras. Y así identificar porqué y si te ayuda con tu propósito o no.
  5. Concatena o solapa, cuando posible, el hábito del idioma (el contacto que hayas planeado) con otro hábito que ya tienes. Eso lo hará mucho más fácil. Sino, bloquea el tiempo en tu día para que no lo dejes en espera del momento en que te apatezca. Igual no te apetece ya porque estás agotad@ y no tienes energía para dedicarle. 
  6. flexible contigo. No se acaba el mundo ni significa que no eres constante porque algún día te saltes la programación. Siempre hay imprevistos. Si llevas el registro, te darás cuenta si es algo puntual o si bien hay una tendencia a saltarse el programa. 
  7. Ten un plan B en caso de que un día no puedas realizar la acción que te habías planteado. Por ejemplo, en mi caso con el japonés, el día que no puedo ponerme a hacer lo que tenía previsto por el motivo que sea, al menos le dedico energía haciendo repaso mental de lo que he visto. De las cosas que me cuesta más que se queden o de lo que me interesa que se vaya grabando en mi memoria (por ejemplo, hiragana).

Recuerda: en los idiomas no hay fórmulas mágicas. Busca la que te funciona a ti

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Cuéntame en los comentarios, ¿qué va a ser diferente con tus propósitos de Año Nuevo?

Un abrazo y hasta la próxima entrada, 

Paloma

Foto cortesía de pixabay.com

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Paloma Coach de idiomas

Soy Paloma García, coach de idiomas. Ayudo a profesionales como tú a alcanzar sus metas personales y profesionales a muy corto plazo, gracias a dar los pasos necesarios con los idiomas de une vez por todas.

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